Frase Anónima

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El Político Hizo un Gesto y Desapareció el Mago. Anónimo

domingo, 29 de septiembre de 2013

Artículo: “Operación Algeciras”, el frustrado ataque a Gibraltar

Por Juan Aguilar*
Cuando la Guerra de Las Malvinas, la Roca, como puerta entre dos continentes, cumplió su papel estratégico en un conflicto con miles de víctimas como balance final entre muertos y heridos. En Gibraltar hacían escala parte de los buques de la flota británica que se dirigía a combatir a los argentinos que intentaban liberar las Islas Malvinas de la ocupación.
En ese contexto, hace 31 años, estuvo a punto de suceder algo en el Campo de Gibraltar que hubiese cambiado posiblemente el curso de muchos acontecimientos que estaban por llegar. La historia es casi desconocida para el gran público, pues razones diplomáticas de la España de entonces impidieron que tuviera el eco mediático que merecía.
Iniciadas las hostilidades en el Atlántico Sur, cuando todo el mundo pudo observar que aquello iba en serio y que asistíamos a un epidodio más de una potencia colonialista, el Reíno Unido, “cañoneando” a un pueblo hermano para mantener sus posesiones, grupos de españoles comenzaron a contactar con los consulados argentinos para presentarse voluntarios a luchar contra el enemigo histórico que, igualmente, ocupaba un trozo de tierra española: la Gran Bretaña.
Los primeros días de mayo de 1982 eran protagonizados en Andalucía por la campaña electoral autonómica que ganaría Rafael Escudero para el PSOE por mayoría absoluta.
UN PLAN PARA ATACAR GIBRALTAR
Los partes de guerra que llegaban en esas fechas a la mesa del Almirante Jorge Isaac Anaya, miembro de la Tercera Junta Militar, presidida por el General Galtieri, eran alarmantes. Anaya fue el gran impulsor de la recuperación militar del archipiélago de las Malvinas por parte de Argentina. El bombardeo del crucero argentino General Belgrano, que no participaba en ninguna acción armada y se retiraba, había arrojado días antes un total de 323 argentinos muertos, un auténtico crimen de guerra ordenado por la Primera Ministra británica Margaret Tachter. Aquel crimen produjo un tremendo impacto en el estado de ánimo de la sociedad argentina.
Fue entonces cuando el Almirante Anaya llamó al Vicealmirante Eduardo Morris Girling, Jefe del Servicio de Inteligencia Naval y le hizo partícipe de un plan secreto que ejecutarían comandos especiales y que solo conocerían ellos dos en la cúpula militar, junto a una tercera persona, el Capitán Héctor Rosales, en su calidad de agregado naval en la Embajada de Argentina en Madrid, como coordinador de las operaciones en territorio español. Rosales utilizaría como nombre de guerra el de “capitán Fernández”. También sería conocedor de la operación el capitán Luis D’Imperio, exmiembro de la ESMA, que coordinaría todo desde Buenos Aires. Eran acciones militares que, formalmente, no iban a existir nunca en ningún documento ni papel oficial.
El Almirante Anaya contó con un primer comando para su ejecución formado por tres guerrilleros Montoneros: Máximo Nicoletti, el ejecutor material, Gordo Alfredito era su nombre de guerra, Antonio Nelson Latorre alias El Pelao Diego y otro experimentado alias el Marciano cuyo nombre verdadero nunca trascendió. Todos montoneros, todos eran aficionados al buceo y alguno, como Nicoletti, con larga experiencia en la voladura de barcos en tiempos de María Estela Martínez de Perón. Uno de ellos con el principal jefe contraterrorista del peronismo y su esposa dentro, que saltaron por los aires en mil pedazos. Máximo Nicoletti, además, llevaba lo de volar barcos en su genética familiar. Su padre, fascista, buzo táctico italiano, había participado en la voladura de varios buques en el puerto de Alejandría en 1941 durante la II Guerra Mundial.
Simultáneamente, de entre los voluntarios españoles dispuestos a luchar con los argentinos, se escogió otro comando formado por tres personas. Uno era suboficial del Ejército de Tierra, desde donde sigue sirviendo a su Nación en la actualidad, por lo que nos resguardamos su nombre, del segundo nunca supe su identificación y el tercero, quien escribe estas líneas, entonces un simple estudiante universitario de Ciencias Físicas. A día de hoy, desconozco si se pusieron en marcha otros comandos, puesto que el desarrollo de los acontecimientos impidió continuar las acciones previstas y todo el plan quedó cortocircuitado.
El plan consistía en atacar directamente a la Royal Navy en Europa, donde menos se lo esperaban: en Gibraltar. Se trataba de jugar con el factor sorpresa y generar una cierta sensación en la OTAN  de que las defensas en Europa quedaban desguarnecidas frente a otros enemigos (la URSS) por tener desplazado tanto operativo militar británico (y no británico) lejos de los vulnerables objetivos europeos, en Las Malvinas. Nadie podría sospechar que los militares argentinos del momento estuvieran planeando un golpe tan audaz e inesperado, que hubiera tenido un gran efecto psicológico en la sociedad y, posiblemente, en el concierto geoestratégico internacional.
En toda esta historia, el protagonismo real lo tenía ese primer comando argentino que debía actuar en Gibraltar. Los demás actuaríamos de reserva y con la misión de asestar golpes posteriores a las infraestructuras militares británicas en el Peñón. Era la Operación Algeciras.
Los tres montoneros reclutados para ejecutar la primera fase de la  Operación Algeciras, al igual que el resto de voluntarios implicados en la operación teníamos que aceptar como  condición que si éramos localizados y hechos prisioneros, nunca la Armada argentina nos reconocería como combatientes y no podría acudir en nuestra ayuda. Serían simplemente Montoneros luchando por la Argentina por su cuenta. Y si la cosa salía bien, todos quedábamos comprometidos por un pacto de silencio sobre el que jamás se contaría nada. Han pasado 30 años y todos los autores intelectuales de aquella misión han desaparecido o ya no están en los puestos de responsabilidad que ocuparon en aquellas fechas, por lo que en nada perjudica que los hechos vean la luz.
MINAS ITALIANAS HACIA GIBRALTAR
El puerto de la colonia británica de Gibraltar era el sitio elegido para enviar el primer comando integrado por los tres guerrilleros civiles y un militar. Según se publicó posteriormente, a  través de valija diplomática llegaron dos enormes minas lapa de carga hueca con 25 kg de trotyl cada una, de fabricación italiana, de unos 60 centímetros de diámetro cada una.
El plan era colocar los artefactos en la quilla inferior de algunos de los grandes buques de guerra británicos atracados en el puerto de Gibraltar, repostando antes de dirigirse al teatro d eoperaciones del Atántico Sur.
El comando argentino salió del aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires, con dirección a Madrid. Desde la capital de España se trasladaría  hacia Málaga y de allí al Campo de Gibraltar.
El comando, camuflados como buceadores de pesca y aficionados a la foto submarina, se instaló primero en Estepona y desde allí desplegaron en pocos días su conocimiento sobre el territorio de operaciones en el Campo de Gibraltar. Confirmaron sus primeras impresiones sobre plano: sí, era posible volar un barco de guerra británico en el puerto de Gibraltar. Lo harían. Solo faltaba el ok desde Buenos Aires, desde el edificio Libertad en la zona de Retiro, sede de la jefatura de la Armada, despacho de Anaya. Hubo dos fechas previas para ejecutar el atentado, pero se anularon sobre la marcha. La última noche, la del domingo 9 de mayo, la luna impidió la ejecución con garantías suficientes para la escapada. La bahía estaba reluciente. El lunes 10 de mayo, sí o sí, iba a ser la fecha.
Amanecía el lunes 10 de mayo. Aquella mañana de lunes, la perspicacia de un veterano comisario de policía de Málaga dio al traste con una operación militar de gran calado, diseñada semanas antes nada menos que en el Cuartel General de la Armada Argentina en Buenos Aires.
La misma noche del 10 de mayo, horas antes del Día D y de la Hora H para la ejecución de la Operación Algeciras, el parte de guerra argentino era aterrador: 82 muertos, 106 heridos y 342 desaparecidos en la contienda frente a las costas de Tierra de Fuego. Era la trágica respuesta militar británica al bombardeo previo de un portaaviones de combate inglés, el HMS Invencible, que casi acaba en el fondo del mar por la heroica acción de los pilotos argentinos.
UN ERROR DE INTELIGENCIA
La misma mañana del 10 de mayo de 1982, los miembros del comando montonero trabajaron casi en exclusiva en preparar la retirada una vez que la misión hubiese sido cumplida. El comando saldría en un vehículo en dirección a Barcelona, de allí pasaría a Francia y un vuelo a Buenos Aires. Para ello era necesario realizar la renovación de los cohes de alquiler, que casualmente vencían el 9 de mayo.
Aquí fue donde se produjo el fatal error de la inteligencia argentina. Lo lógico hubiese sido pagar el alquiler de los coches con una tarjeta de crédito “límpia”, pues aunque hubiese sido detectada al día siguiente de la acción del comando, éste ya estaría volando hacia Buenos Aires. Pero alguien pensó que lo mejor era pagar en efectivo para no dejar rastro. Lo malo  es que lo habitual en la época y más en una zona turística es abonar con una tarjeta de crédito. Aquella circunstancia, un error de inteligencia, fue lo que puso en alerta a la policía malagueña que, por aquellas fechas, andaba obsesionada con una banda de latinoamericanos que atracaba sucursales bancarias en la Costa del Sol. Y nuestro comando estaba formado por argentinos…
Los inspectores del grupo antiatracos de la Policía Nacional en Málaga, alertados por la compañía de alquiler de coches, dan instrucciones al encargado de la empresa de que se les avise cuando “vuelvan por aquí estos argentinos”. Así fue y en el propio negocio de alquiler de autos son abordados directamente el capitán Rosales y El Marciano por los agentes de policía Francisco López y Ricardo Ruiz Coll que les identifican. El comando les confiesan la misión que van a realizar, ante la sorpresa de los policías que creen que les toman el pelo. En su día, Cambio 16 reprodujo el diálogo entre el comando y los policías:
-Soy el capitán Fernández -dijo Héctor Rosales- de la Armada Argentina y estoy en una misión secreta y desde este momento me considero un prisionero de guerra. No diré una palabra más.
-Si tú eres marino argentino, yo soy el sobrino del Papa, le respondió incrédulo y con sorna Ruiz Coll.
Los detenidos son llevados al hotel de Algeciras donde dormían los otros dos miembros del comando, Nicoletti y El Pelao, precisamente quienes esa noche tenían la responsabilidad directa de la ejecución militar de la operación.
TRISTEZA ESPAÑOLA
Lógicamente, todos son detenidos y llevados a dependencias policiales. Cuando los policías españoles confirman la misión que tenían encomendada sus detenidos, maldijeron haber dado parte a sus superiores tan rápidamente.
-Os hubiésemos dejado seguir adelante, les dijeron.
Los policías malagueños, una media docena, eran claramente antibritánicos por lo de Gibraltar y por tanto favorables a Argentina en el conflicto de las Malvinas, como la inmensa mayoría del pueblo español fuera de la castuza política del Régimen juancarlista. Hasta el punto que entre los detenidos y los policías se estableció un clima de simpatía mutua y camaradería, llegando a almorzar todos juntos ese mediodía y brindando por “Gibraltar español” y por las “Malvinas Argentinas”. Lamentablemente, los mandos policiales y del Ministerio del Interior ya eran conocedores del tema y no se pudo hacer nada para “dejar seguir al comando”.
El télex de la comisaría de Málaga con la información de la detención de un comando militar argentino que pretendía volar un buque de guerra inglés en el puerto de Gibraltar, fue conocido inmediatamente por el ministro del Interior Juan José Rosón, que informó inmediatamente al presidente del Gobierno Leopoldo Calvo Sotelo y Bustelo, que se encontraba ese día de campaña electoral precisamente en Málaga.
Al siguiente día se produjeron las bochornosas declaraciones públicas de aquél tipo tan triste, al que llamaban “El Gran Ciprés”, que fue el fugaz presidente Calvo Sotelo: “la Guerra de Las Malvinas era para España un asunto distinto y distante”. Vergüenza de país este…
… Y SE ACABÓ EL TIEMPO
La decisión del Gobierno de Calvo Sotelo fue fulminante. Acojonado, como siempre está nuestra servil castuza política, declaró el asunto “materia reservada” o “secreto de guerra” y decidió proceder con todo el sigilo posible para repatriar a los detenidos cuanto antes, como si  aquí no hubiese pasado nada. Sobre todo, que no se enteraran los británicos, no fuese que “pensaran mal”.
Según nuestra cobarde clase política, bajo ningún concepto España podía permitirse un “escándalo internacional” con Gran Bretaña en aquellos momentos, máxime recién llegados a la OTAN pero, sobre todo, con  la asignatura de Gibraltar de por medio que, evidentemente, pasaba a un segundo plano en aquel momento para el gobierno de UCD. No se ayudó a un pueblo hermano y el resultado es que Las Malvinas siguen ocupadas y de Gibraltar mejor no hablar.
Enterada la embajada de Argentina en Madrid, se ordenó parar al resto de comandos. El nuestro cuando estábamos a puntos de ser activados y enviados a Gibraltar. Por desgracia, dado el resultado de aquella guerra, ya no hubo tiempo de retomar la misión. Las hostilidades acababan como ya sabemos. Nosotros, seguramente salvamos la vida, pero perdimos la más preciosa de las ocasiones para dar a los colonialistas británicos algo de su propia medicina.
Las minas que deberían haber reventado alguno de los barcos piratas de la Pérfida en el Gibraltar ocupado, serían explosionadas meses después, bajo control y en el mayor de los secretos, en el campo de tiro del acuartelamiento de La Legión Álvarez de Sotomayor, en Viátor, Almería, tras pernoctar tan peligrosos trastos en la comisaria de policía de El Ejido.
Tanto fue el secretismo que se aplicó al desenlace de la Operación Algeciras que el propio Leopoldo Calvo Sotelo es quien dio instrucciones concretas para que los miembros del comando viajasen en el avión presidencial de Málaga a Madrid. Así, gran parte de la escolta de seguridad del presidente, ocho miembros, se tuvieron que quedar en tierra para que sus asientos fuesen ocupados por el comando militar argentino y sus conductores camino de su repatriación a Buenos Aires, primero a Madrid y finalmente vía Las Palmas.
Imaginamos que los servicios de inteligencia británicos, el MI5 y los servicios de inteligencia franceses serían informados de la operación fallida desde el primer momento por nuestra lamentable castuza política. Todo hubiese sido mucho más difícil desde aquél momento. A los argentinos solo les quedaba la baza de uno o varios comandos formados por españoles. Pero el tiempo se acabó…
Así finalizaba aquella bonita historia, la Operación Algeciras, que pudo tener un final épico, pero que acabó de forma decepcionante para todos, para nuestros camaradas Montoneros, para los que queríamos golpear al -HASTA EL DIA DE HOY- enemigo histórico de nuestra Patria, para los policías que involuntariamente, cumpliendo con su deber, dieron al traste con el plan,… pero sobre todo, para la memoria de aquellos marinos del Crucero General Belgrano masacrados por los mismos que hoy siguen masacrando, ahora en Damasco, como antes fue en Bagdad o en Trípoli.
Eso sí, pierda toda esperanza el sajón… siempre habrá un hispano dispuesto a hacerle frente siguiendo la consigna de nuestro gran almirante Blas de Lezo: “Todo buen español debería mear siempre mirando a Inglaterra
* Director de Elespiadigital.com

2 comentarios:

Alejandro ST dijo...

Te felicito camarada, espero que algún día nos unamos todos los hispanos y nos hagamos fuertes contra nuestro mayor enemigo. Un abrazo.

Marcos Maroto de maria dijo...

estupendo articulo con el cual estoy totalmente de acuerdo, que pena que terminara así.